En una frase: los Valores Centrales son de tres a cinco reglas no negociables que ya viven en la empresa y que definen a quién se contrata, a quién se deja ir y qué negocio se rechaza. Se descubren mirando a las personas que mejor representan a la empresa, y son parte del Core en Scaling Up, junto con el Propósito Central.
Casi todas las empresas tienen valores escritos en una pared. Pocas los usan para decidir a quién contratar o a quién despedir. Cuando los valores no pesan en esas decisiones, el equipo aprende rápido que son decoración. Scaling Up los trata como reglas de juego: comportamientos concretos que permiten decidir sin preguntarle al dueño.
Scaling Up los define como el conjunto de comportamientos que se esperan de cada persona de la organización. Son pocas reglas, de tres a cinco, que delimitan cómo se toman las decisiones.
Conviene separarlos de los valores básicos de cualquier persona, como la honestidad o la integridad. Esos se esperan de todos y no distinguen a la empresa. Los Valores Centrales dicen cómo se hacen las cosas aquí y en qué se diferencia esta empresa de otras.
Junto con el Propósito Central y el BHAG, forman el Core: la base de la cultura y las dos primeras columnas del Plan Estratégico en una Página. Reflejan quién es la empresa hoy. Publicar valores aspiracionales que nadie vive abre una brecha de credibilidad entre el liderazgo y el equipo.
Un valor central tiene que pasar tres preguntas. Si no pasa alguna, queda como un valor deseable: se trabaja, pero todavía no se comunica como central.
Los valores son las reglas del juego. Cuando alguien las rompe una y otra vez sin consecuencias, el resto del equipo concluye que hay preferencias y que los valores no cuentan.
Al empezar a trabajar con valores, es común que algunas personas se resistan. Con el tiempo, la misma cultura las va sacando. La pregunta para el equipo de liderazgo es si está dispuesto a dejar ir a alguien en un puesto clave por un valor. Si la respuesta es no, ese valor todavía no es central.
El caso típico es el del mejor vendedor que no vive los valores. ¿La empresa lo dejaría ir aunque se lleve su cartera de clientes? Nada manda un mensaje más claro al equipo que tolerar una conducta contraria a los valores porque trae dinero.
Un valor vivo tiene historias recientes y nombres propios. Si nadie en la sala puede contar una historia del último trimestre de alguien viviendo ese valor, todavía es un deseo.
Zappos, la tienda en línea de calzado, tiene como primer valor central "entregar WOW a través del servicio". Tony Hsieh, su CEO durante años, cuenta en Delivering Happiness (2010) cómo construyeron sus diez valores y cómo los usaban para contratar y evaluar.
El 8 de diciembre de 2012, una persona del equipo de servicio al cliente pasó 10 horas y 29 minutos al teléfono con un cliente. Hablaron sobre todo de cómo es vivir en Las Vegas, y la llamada terminó con la venta de unas botas. Zappos no pone límite de tiempo a las llamadas. Un supervisor de Zappos lo explicó así: dejar que su gente se quede en el teléfono lo que haga falta es una forma clave de cumplir su primer valor.
En la mayoría de los call centers esa llamada sería un problema de productividad. En Zappos era la prueba de que el valor estaba vivo. Fuentes: HuffPost (2012); NPR, "Zappos Logs Record Service Call" (2012). La historia completa de su cultura está en el caso Zappos.
En la sala los descubrimos con el equipo de liderazgo. Cada persona nombra a dos o tres colaboradores que, si se pudieran clonar, harían crecer la empresa. Luego se describe qué hacen esas personas que las demás no. De esas conductas salen los valores, con las palabras que la empresa ya usa.
La prueba de fuego llega después, con el criterio 2. Una frase que escuchamos seguido es "yo traigo el dinero, no me vengan con eso de cultura". Cómo responde el equipo de liderazgo a esa persona define si los valores van en serio.
De tres a cinco. Con más, el equipo no los recuerda y no los usa para decidir.
Los valores dicen cómo se comporta la gente de la empresa. El Propósito Central dice por qué existe la empresa. Los dos forman el Core.
Se descubren más de lo que se cambian. Con el tiempo se afinan las palabras, y un valor deseable puede volverse central cuando ya pasa los tres criterios.
El equipo de liderazgo, a partir de las personas que hoy mejor representan a la empresa. Después se validan con el resto del equipo.
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José Muñoz, fundador de ALLAGIS y Senior Coach de Scaling Up.
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